Orígenes de la vitis vinifera y el vino 2.
 
 


4 de mayo de 2009

Se estima que el cultivo de la Vitis Vinifera, que es entre todos los géneros de vitis, la única de fruto comestible y vinificable, comenzó hace unos 5.000 años, es decir unos 3.000 años a.C.

Cuando el hombre primitivo dejó de ser nómada, simplemente recolector y cazador, empezó a establecerse e iniciar el cultivo de la vid, de otros frutales y tambien de los cereales. El cultivo de la vitis vinífera se inició en la zona sur del Cáucaso y en Oriente próximo (Asia menor, Mesopotamia, Babilonia, etc.) de donde irradió gracias a los viajes de cabotaje de los fenicios a otros países costeros del Mediterráneo, entre ellos el antiguo Egipto, donde alcanzó un gran desarrollo como se aprecia en los antiguos escritos jeroglíficos; después pasó a Grecia y finalmente a Roma, que contribuyó notoriamente a la expansión de la vid y su cultura en todo su vasto imperio.

Desde el nacimiento de Cristo, con el que se inicia nuestra Era en Occidente, la expansión del cristianismo llevó siempre consigo la cultura del vino, dado que el pan y el vino son fundamentales en la celebración de la Eucaristía.

Desde el siglo I ya existen tratados del cultivo de la vid, como el célebre “De Re Rústica” de Lucio Moderato Columela, nacido en Hispania y concretamente en la Bética.

El emperador Domiciano, de Roma, en el año 92 de nuestra era, ordenó la destrucción de viñedos en Hispania y en la Galia, con el pretexto de que atraía las incursiones de pueblos bárbaros, pero posiblemente fuera a causa de la competencia que ya ejercían en este siglo I los vinos producidos en ambos territorios del Imperio, que eran muy apreciados por los romanos. Esta actitud restrictiva cambió posteriormente en el siglo III, autorizándose por Roma nuevas plantaciones.

Las invasiones del imperio romano por los pueblos bárbaros procedentes del centro de Europa (hacia la segunda mitad del siglo III), acosados a su vez por incursiones de pueblos asiáticos, frenó la expansión del viñedo, aunque no causó su desaparición. Finalmente la cultura romana y los pueblos bárbaros, organizados ya como reinos, terminaron por fundirse progresivamente, dando lugar a la civilización y cultura de la Edad Media. En la Edad Media, concretamente a partir del año 1.000, se crearon las órdenes religiosas de Cluny y del Císter, que contribuyeron al mantenimiento y expansión del viñedo.

Los monasterios constituyeron un reducto de la cultura del vino y fueron el foco más importante de la expansión del cultivo de la vid y de la elaboración del vino. Otro fenómeno histórico, decisivo para la historia europea y el desarrollo de la cultura del vino, fue la invasión árabe. En este largo período, que en España cubrió casi ocho siglos, disminuyó la superficie de viñedo, dado que la religión mahometana es contraria al consumo de vino. Pero no desapareció totalmente, porque persistió cierto nivel de consumo y tambien a causa del aspecto nutritivo de la uva y de la pasa. A pesar de las prohibiciones islámicas, el vino fue muy preciado como lo demuestran las alabanzas de grandes poetas, desde la antigua Persia como Omar Khayyam, en su Rubayat, hasta la época del califato de Abderramán III en Còrdoba.

Desde la época de la dominación árabe y siglos sucesivos el Camino de Santiago desempeño un papel relevante en la difusión de la vid, del vino y de su cultura. Las corrientes de peregrinos procedentes de Europa produjeron un intercambio de los productos de su tierra de origen, entre ellos pámpanos de vid, por todos los lugares de paso, desde Roncesvalles hasta Compostela, pasando por Navarra, La Rioja, León y viceversa. Este camino produjo un intercambio de material vegetativo de distintas variedades de vid, que con los siglos fueron adaptándose a las condiciones de los diferentes medios climáticos y de suelos.

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